lunes, 16 de mayo de 2011
Risa al dente
Nacemos llorando. Llegamos a este mundo con varios complementos sufridores de serie: la única certeza es que conocemos el dolor físico, el fallecimiento de nuestros allegados y nuestro propio deterioro antes de una muerte inexorable. Arrancamos el camino de la vida con una considerable dosis de congoja a la que debemos combatir y sobreponernos con una actitud positiva que incluya carcajadas y menosprecio del guión impuesto, pero la risa es un mecanismo de defensa ante la adversidad, un bien ganancial que tenemos que practicar y mejorar si queremos llegar a viejos con menos amargura de la que sería razonable. No hay trampa ni cartón, la juerga salvará tu vida. A ello.
miércoles, 11 de mayo de 2011
21 años y 500 momentos
Decía mi abuela, a diario, que lloraba los caminos que no pisó por conformismo, que preferiría sufrirlos o amarlos, pero haberlos recorrido. Se empeñaba en allanarme pasadizos y a cerrar con llave los lugares de peregrinación, en quitarle importancia a lo políticamente correcto. A lo normal. Recuerdo que, posando sus manos en mis hombros, me pedía casi como un favor personal que prestase más atención a la gente criticada y a los que sufrían sus propias reglas. "Serán diamantes en un mundo de cerdos", aseguraba. Me hablaba la voz de la experiencia, la voz del arrepentimiento. Ella nunca dirigió mis pasos ni me obligó a hacer nada que no quisiera, todo lo contrario. Lo que sí me dijo fue que si apuestas a caballo ganador, las derrotas dolerán el doble, pero una victoria bastará para alcanzar la gloria. Y por mucho riesgo, o certeza, que haya en su afirmación, me niego a cambiar el rumbo que me he impuesto, el guión que me he escrito. Me niego a ser un átomo dentro de una mayoría dispuesta a comer mierda si ésta se pone de moda. Porque la vida no es un vaquero, o la vives cómodamente y a tu antojo, o te aprietas la cintura hasta que las costillas cambien de nombre. Las mías se llaman Daniel, y están encantadas de conocerme. Bienvenidos a la República Independiente de mi Vida.
lunes, 9 de mayo de 2011
Bella y bestia
- Me estabas observando.
- ...
- ¿Durante cuánto tiempo? ¿Sólo ésta noche? ¿Una semana?, ¿Dos? ¿Desde que me mudé? ¿Qué más has visto?
- Bueno, no sé, muchas cosas. Y no me refiero a lo que estás pensando, sino, por ejemplo: he visto que eres una de las tres únicas personas en el mundo que se mueren por las patatas fritas con sabor a pizza. Y eres la única persona que conozco que pasa más tiempo en el tejado de su casa que dentro de ella, y allí te gusta leer, pero leer libros, no revistas de cotilleos o para adolescentes. Lees libros interesantes. Además, haces una cosa que es como un trastorno compulsivo, pero no lo es: siempre que sales de tu habitación, sujetas el pomo, te preparas, pero sin embargo, no sales. Te detienes, te echas atrás. Te vuelves hacia el espejo, y te miras. Pero no es una mirada en plan que bueno estoy, más bien te preguntas quien eres. Y ese hecho es... es genial. Y como yo, pasas tiempo mirando por la ventana, pero tu observas el mundo. Siempre intentas entender por qué no está todo en orden, como en tus libros. Tan sólo... te miro.
- ...
- ¿Durante cuánto tiempo? ¿Sólo ésta noche? ¿Una semana?, ¿Dos? ¿Desde que me mudé? ¿Qué más has visto?
- Bueno, no sé, muchas cosas. Y no me refiero a lo que estás pensando, sino, por ejemplo: he visto que eres una de las tres únicas personas en el mundo que se mueren por las patatas fritas con sabor a pizza. Y eres la única persona que conozco que pasa más tiempo en el tejado de su casa que dentro de ella, y allí te gusta leer, pero leer libros, no revistas de cotilleos o para adolescentes. Lees libros interesantes. Además, haces una cosa que es como un trastorno compulsivo, pero no lo es: siempre que sales de tu habitación, sujetas el pomo, te preparas, pero sin embargo, no sales. Te detienes, te echas atrás. Te vuelves hacia el espejo, y te miras. Pero no es una mirada en plan que bueno estoy, más bien te preguntas quien eres. Y ese hecho es... es genial. Y como yo, pasas tiempo mirando por la ventana, pero tu observas el mundo. Siempre intentas entender por qué no está todo en orden, como en tus libros. Tan sólo... te miro.
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